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La ciudad en altura: tendencias globales y nuevos modelos urbanos
Un análisis sobre cómo la construcción en altura está redefiniendo el urbanismo global y el papel creciente de Madrid en una nueva ciudad más densa, eficiente y sostenible.
mayo 11, 2026
En las últimas décadas, los rascacielos han dejado de ser únicamente iconos arquitectónicos para convertirse en herramientas clave en la planificación de las grandes ciudades.
Desde Nueva York hasta Dubái o Seúl, construir en altura ya no es solo una cuestión de imagen, sino una forma de ordenar mejor la actividad económica, residencial y social en espacios urbanos cada vez más tensionados.
El Tall Buildings Construction Guide 2026 refleja bien esta transformación. El informe señala que la demanda internacional de edificios en altura se ha duplicado en los últimos años y que más de 2.500 torres se encuentran actualmente en fase de planificación o desarrollo. Más allá de la cifra, lo relevante es lo que esta evolución revela, los edificios en altura se han convertido en piezas estructurales dentro del nuevo urbanismo global.
Aunque España no figura entre los grandes mercados analizados en el informe, algunas de estas tendencias empiezan a manifestarse de forma cada vez más visible en ciudades como Madrid. No con la intensidad de otros mercados, pero sí con una dirección clara y con un grado creciente de madurez técnica.
Los primeros rascacielos de Madrid, una aspiración temprana de verticalidad
La relación de Madrid con la arquitectura en altura no es, ni mucho menos, reciente. Ya a comienzos del siglo XX, la ciudad empezó a mirar hacia modelos internacionales, en especial hacia Estados Unidos, incorporando una estética y una ambición propias de las grandes metrópolis emergentes del momento.
El Edificio Telefónica, inaugurado en 1929 en plena Gran Vía, marcó un punto de inflexión. Con más de 80 metros de altura, fue durante años el edificio más alto de Europa y uno de los primeros rascacielos del continente. Su diseño, claramente influido por la arquitectura norteamericana, simbolizaba una voluntad de posicionar a Madrid dentro de una conversación internacional sobre ciudad, progreso y transformación.
A ese primer impulso le siguieron otros hitos que ayudaron a perfilar un skyline todavía incipiente, pero ya reconocible. El Edificio España, entre otros, consolidó una primera idea de verticalidad urbana en la capital. Aunque hoy estos inmuebles puedan parecer modestos frente a las grandes torres contemporáneas, lo cierto es que reflejan una aspiración que ha acompañado siempre a Madrid, la de crecer en vertical como expresión de ambición, dinamismo y modernidad.
El skyline de hoy
Esa aspiración histórica encontró una nueva escala décadas después con el desarrollo del Cuatro Torres Business Area, que redefinió el perfil urbano de la capital y la situó como uno de los principales distritos financieros del sur de Europa.
Torres como Torre de Cristal, con sus 250 metros de altura, no solo elevaron el skyline de la ciudad, sino que evidenciaron un salto cualitativo en capacidad técnica, diseño y complejidad constructiva. En la misma línea, la transformación de Torre Europa ilustra bien cómo ha evolucionado también la gestión de estos activos. Su remodelación integral supuso la actualización completa de un edificio de gran altura para mejorar su rendimiento, su eficiencia y su posicionamiento en el mercado, algo que refleja hasta qué punto el sector se ha sofisticado.
Esta capacidad no es exclusiva de Madrid. En Barcelona, activos como Torre Mapfre o el Hotel Arts Barcelona han sido igualmente referentes en la consolidación de un tejido técnico capaz de gestionar proyectos complejos en altura, tanto en el ámbito terciario como en el hotelero.
Además, en paralelo, el segmento residencial también ha empezado a incorporar modelos más verticales y densos. Proyectos como Skyline Madrid, con dos torres de cerca de 100 metros y más de 600 viviendas, muestran que esta evolución ya no afecta solo al mercado de oficinas o a los edificios emblemáticos, sino también a una nueva forma de pensar el uso residencial en las grandes ciudades. En conjunto, todos estos desarrollos evidencian la consolidación de un modelo en altura cada vez más sofisticado, en los que se requiere una gestión de proyecto muy especializada y adaptada a las singularidades de este tipo de desarrollos.
Las tendencias globales, hacia una verticalidad más eficiente
El informe global identifica una evolución clara en la forma de concebir los rascacielos. La altura ya no es el único factor diferencial. Las ciudades más avanzadas están apostando por una verticalidad más responsable.
Hoy la construcción en altura está cada vez más condicionada por tres grandes vectores. El primero es la sostenibilidad y la descarbonización, con edificios diseñados para reducir su consumo energético, minimizar su huella ambiental y responder a estándares cada vez más exigentes. El segundo es la industrialización de la construcción, mediante el uso de elementos prefabricados y procesos más controlados que mejoran plazos, calidad y eficiencia. Y el tercero es la planificación integrada, que permite anticipar riesgos, optimizar costes y coordinar mejor a todos los agentes implicados en el desarrollo.
Este cambio de enfoque resulta especialmente relevante en un contexto de fuerte presión sobre costes. El informe identifica incrementos en materiales y mano de obra en más de 70 mercados. Sin embargo, también señala que 58 de ellos han logrado mejorar su capacidad de contención gracias a nuevas estrategias de diseño, ingeniería y gestión. A ello se suma una creciente exigencia en materia de calidad, seguridad y control de ejecución, factores que hoy son ya inseparables de cualquier proyecto de gran altura y que refuerzan la necesidad de contar con equipos altamente especializados.
España, aunque no compite directamente en la carrera de los supertalls, sí se encuentra alineada con esta transformación. Actualmente, el país cuenta con más de 30 edificios que superan los 100 metros de altura y cerca de una veintena por encima de los 150 metros, repartidos principalmente entre Madrid, Barcelona y otros polos como Benidorm o Bilbao.
Más que un volumen masivo, estas cifras revelan la existencia de un pipeline selectivo y progresivo, en el que cada nuevo desarrollo incorpora mayores niveles de complejidad, exigencia técnica y ambición en términos de sostenibilidad.
Madrid Nuevo Norte, el salto hacia la ciudad vertical
El siguiente capítulo de esta evolución se escribe en el norte de la capital. Madrid Nuevo Norte representa el desarrollo urbanístico más ambicioso de Europa y, al mismo tiempo, una oportunidad extraordinaria para redefinir el skyline madrileño y el papel de la ciudad en el mapa urbano europeo.
El proyecto contempla la creación de un nuevo distrito financiero, tecnológico y residencial que podría incorporar algunos de los edificios más altos del continente. Entre ellos, se plantea una torre de entre 300 y 330 metros de altura, conocida provisionalmente como Torre Madrid Norte, que superaría a las actuales Cuatro Torres y también a referentes europeos como The Shard, en Londres. Junto a ella, el plan prevé otras torres superiores a los 200 metros y un conjunto de edificios de más de 30 plantas, configurando un nuevo centro de negocios con una fuerte apuesta por la movilidad sostenible, la eficiencia energética y la regeneración urbana.
No obstante, conviene subrayar que muchos de estos desarrollos se encuentran aún en fase de planificación. Más que certezas, representan una dirección clara: Madrid está explorando activamente su potencial como ciudad vertical.
Madrid en la conversación global
Madrid nunca ha liderado la carrera por construir los edificios más altos del mundo, ni probablemente necesite hacerlo. Su oportunidad no está en competir en altura por sí misma, sino en hacerlo en capacidad técnica, eficiencia, calidad urbana y visión de largo plazo.
Ese es, en realidad, el cambio más importante. La capital está dejando atrás una etapa en la que la construcción en altura aparecía como un fenómeno puntual o representativo para entrar en otra en la que empieza a consolidarse como parte de una estrategia urbana más amplia, más madura y conectada con las tendencias globales. Ya no se trata solo de levantar torres, sino de entender qué papel deben jugar esas torres en una ciudad más compleja, más densa y exigente.
El mundo se hace más alto. Y, por primera vez en décadas, Madrid parece preparada para ocupar un lugar relevante en ese horizonte. Quizá, después de todo, la expresión popular - de Madrid al cielo- empiece también a reflejarse en su skyline.
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