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No existe la oficina post-Covid: existe la oficina coherente

Por Jaime de Paz, Head of Corporate Strategy & Workplace en CBRE España

mayo 13, 2026 5 Consumo de tiempo Read

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Nuestro análisis de asistencia a la oficina en España en 2025 confirma lo que veníamos observando en los últimos trimestres: el 60% de asistencia real se ha consolidado como nueva media de uso. Tres días en la oficina, dos desde casa. No es una estimación ni una encuesta: son datos de acceso reales de los edificios que gestiona nuestro equipo de Property Management, medidos empresa a empresa. 

Pero, como decía mi profesor en la escuela, "la estadística es la ciencia que demuestra que si metes los pies en el horno y la cabeza en el congelador, estás a temperatura de confort." Y algo muy parecido ocurre con ese 60%. 

Una media que oculta más de lo que revela 


Detrás de ese dato conviven comportamientos radicalmente distintos. Los servicios profesionales de alto rendimiento —consultoría estratégica, banca de inversión, despachos de abogados— operan ya en niveles cercanos a los prepandemia, con asistencias del 80-85%. Son entornos donde el aprendizaje es presencial por naturaleza, la relación con el cliente exige proximidad y la cultura de desarrollo profesional se construye en la interacción directa con los socios. 

En el otro extremo, el sector tecnológico mantiene medias del 30-40%. Sus funciones —programación, gestión de sistemas, desarrollo de producto— se ejecutan con eficacia en remoto, y la flexibilidad locativa lleva años siendo parte de su propuesta de valor al talento. La mayoría de estas empresas reconocen que preferirían mayor presencia; la brecha entre política declarada y uso real es, en este sector, especialmente amplia. 

Estas diferencias no son coyunturales. Todo apunta a que se estabilizarán por sector, con una corrección gradual al alza impulsada por dos factores: la inteligencia artificial, que está reconfigurando la relación de fuerza entre empleadores y perfiles técnicos, y el ciclo económico, que históricamente empuja hacia una mayor presencia cuando aparece la incertidumbre. 

El modelo de trabajo determina el modelo de espacio 


Esta heterogeneidad tiene una consecuencia directa en cómo deben estar diseñadas las oficinas. Y es aquí donde, a nuestro juicio, el debate sigue sin estar bien planteado. 

Llevamos años hablando de la oficina post-Covid como si existiera un modelo universal hacia el que todas las organizaciones deberían converger. No existe. Lo que existe —o debería existir— son oficinas coherentes con el modelo real de trabajo de cada organización. 

En CBRE analizamos el espacio de trabajo a través de cuatro categorías funcionales: espacio individual (puestos de trabajo y despachos), espacio colaborativo (salas de reuniones, zonas de trabajo en grupo), amenities (cafetería, zonas de descanso, espacios informales) y servicios de soporte (recepción, almacenamiento, taquillas). Cuando cruzamos esta distribución con los datos de asistencia, la lógica es bastante clara: a mayor presencialidad, mayor peso del espacio individual, pero sin perder el foco en colaboración, relación y experiencia. A menor presencialidad, la oficina pivota hacia el encuentro y la interacción, y el puesto individual pierde protagonismo frente a los espacios compartidos. 

Lo que vemos en la práctica, sin embargo, es que muchas organizaciones no han ajustado su espacio a esta lógica. Empresas con modelos híbridos consolidados que mantienen ratios de puestos propios de la plena presencialidad. Empresas con alta asistencia que no tienen la capacidad de salas que su modelo requiere. El espacio refleja decisiones tomadas en otro momento, a veces en plena pandemia, a veces antes, y que no han sido revisadas desde entonces. 

El coste de la incoherencia 


El origen de estos desequilibrios raramente es la negligencia. Es la tendencia natural a gestionar el espacio a partir de señales cualitativas —la percepción del responsable de real estate, la petición de un directivo influyente, la referencia a lo que hacen otras empresas— sin contrastarlas con datos de uso sistemáticos. La anécdota se convierte en política sin pasar por el análisis. 

El resultado es un espacio que no responde bien a las necesidades reales de quien trabaja en él: puestos vacíos la mayor parte de la semana, salas de reuniones colapsadas a primera hora y abandonadas por la tarde, zonas de colaboración infrautilizadas. Un desajuste que tiene un coste, tanto en metros cuadrados como en experiencia. 

Corregirlo suele ser menos complejo de lo que se asume. En la mayoría de casos, las intervenciones necesarias son quirúrgicas: ajustes en la distribución, redistribución de tipologías, optimización de ratios. Sin modificar la huella total, es posible mejorar de forma significativa la coherencia entre el espacio y el modelo de trabajo. 

La pregunta relevante, entonces, no es cuánta gente va a la oficina. Es si la oficina está diseñada para las personas que van, de la manera en que trabajan. Y esa pregunta, sorprendentemente, pocas organizaciones se la hacen antes de que venza el contrato. 



Jaime de Paz
Head of Corporate Strategy & Workplace en CBRE España.


Los datos de asistencia citados en este artículo provienen del análisis trimestral de CBRE a partir de información de acceso de los edificios bajo gestión del equipo de Property Management en España y otros estudios cualitativos.  


 

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