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La COP 27 a través de los ojos de Luis Cabrera

Quedan siete años para el cumplimiento de una agenda más que exigente en materia de reducción de las emisiones de CO2

noviembre 23, 2022

Un artículo de Luis Cabrera, Director de Sostenibilidad & ESG Business Development de CBRE España.


La Cumbre del Clima ha salido mal. Pero antes de que los agoreros canten victoria, dos titulares: La Unión Europea ha incrementado sus objetivos de reducción de huella de carbono para el 2030 del 55 al 57% y los países ricos han decidido financiar las inversiones para la mitigación y adaptación al cambio climático de los países en vías de desarrollo. Esto último con matices.

Es buena ocasión para recordar que la COP la preside el país que la acoge, por lo que este año le ha correspondido a Egipto. Esto influye en el resultado de las deliberaciones, puesto que hay margen de maniobra para marcar las agendas y poner el foco en unos aspectos más que en otros. No es casualidad que uno de los temas que se ha quedado por resolver es poner fecha al consumo de combustibles fósiles, y algo han tenido que ver los más de 636 “lobbystas” (según The Guardian) de la industria del gas y el petróleo.

En este contexto, la Unión Europea ha defendido con éxito hasta el último minuto de la prórroga que se mantuviera la ambición para evitar alcanzar el incremento de 1,5 °C, cuando muchos otros países apuntaban ya a los 2,5 °C. El propio secretario general de Naciones Unidas, António Guterres anunció el jueves por la noche en Twitter que regresaba a la cumbre para apelar a que los negociadores llegaran a acuerdos con el contundente mensaje de “no es momento de señalar con el dedo”. Días antes, en su intervención, habló claro sobre el propósito de la cumbre al mencionar que “los compromisos de net zero no pueden ser un mero ejercicio de relaciones públicas si queremos ganar la lucha contra el cambio climático, por eso tendremos tolerancia cero con el greenwashing".

Al mismo tiempo, un alto funcionario de la ONU me compartía que la COP es el evento más complejo de todos cuantos la organización tiene en la agenda anual, dados los múltiples y cruzados intereses de los países, la urgencia de los efectos del Cambio Climático y la necesidad de llegar a acuerdos por unanimidad. La determinación de la UE para liderar la lucha contra el Cambio Climático es tal que, como es sabido, recientemente la Comisión Europea ha aceptado la energía nuclear y el gas, como fuentes de energía necesarias para la transición verde (Green Deal) en su Taxonomía.
En paralelo, países como EEUU han sido sumamente activos a través de su ex secretario de Estado y enviado de la presidencia para el Clima, John Kerry. Especialmente llamativas han sido las mesas de trabajo conjuntas con China, donde ambos, los dos mayores contribuyentes mundiales a las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) han decidido tener conversaciones “constructivas” para abordar los retos de descarbonización. Uno de los puntos de su agenda conjunta es el metano, uno de los vectores protagonistas en la COP 26 en Glasgow y que pone el foco en la alimentación y la agricultura sostenible entre otras cosas.

China es el mayor productor mundial de energía renovable, aunque su objetivo de neutralidad en emisiones es para 2060.

La otra cara de la moneda está representada por los países africanos, que emiten solo el 3% de los GEI pero que, sin embargo, son los principales afectados por los efectos de las sequías que han producido más 2,6 millones de desplazados climáticos solo en el 2021. Se entiende pues la demanda de los países en vías de desarrollo que han reclamado ayuda de los países más ricos para poder acometer la financiación de las “pérdidas y daños”. Al fin y al cabo, los efectos que padecemos hoy son fruto de las emisiones de los últimos 50 años de los países ya desarrollados. Éste ha sido uno de los éxitos de la cumbre, aunque los países se han comprometido a establecer una hoja de ruta en próximas fechas algo que no ha contentado a muchos por la aparente falta de concreción.

¿Cómo afecta a España y qué agenda deben afrontar las empresas y las personas?

En los variados foros que se dan en la cumbre todos coincidimos. Sabemos lo que tenemos que hacer. Sabemos las consecuencias de no hacerlo. Disponemos de las soluciones técnicas asequibles para conseguirlo. Hay múltiples posibilidades de financiación de este nuevo sector económico. Tenemos la regulación en los diversos países que nos marcan la hoja de ruta. Hay una aparente conciencia de la sociedad del problema y la necesidad de solución. En este sentido el sector inmobiliario, conocedor de la contribución que hace del 40 % a las emisiones de carbono globales – más las asociadas a la movilidad a esos activos - ha comenzado a hacer los deberes iniciando sus estrategias de descarbonización con un doble enfoque propietario / ocupante. Si bien se están haciendo esfuerzos en la medición de la huella con los alcances 1 y 2, aún son pocos los proyectos que aborden el alcance 3 y por tanto los procesos de descarbonización del sector pueden estar comprometidos en los plazos marcados.

Entonces ¿qué falta? ¿Por qué no vamos al ritmo deseado? La joven activista de Uganda Leah Lamugerwa lo resume bastante bien durante la COP 27 cuando dice que “nos vemos obligados a pensar como adultos porque ustedes no lo están haciendo”. Cuando quedan apenas 7 años para el cumplimiento de una agenda más que exigente en materia de reducción de las emisiones de CO2, todavía hay países, administraciones y empresas que no conocen el impacto que tienen en el planeta y, por lo tanto, tampoco pueden definir un plan de acción que ya es más que urgente. Esto no es algo que caiga solo en el tejado de instituciones mientras los ciudadanos esperamos a que la hoja de ruta nos venga dada. A estas alturas todos conocemos qué cosas engordan nuestra huella de carbono y cuáles la adelgazan. Pero antes de que podamos enmarcar y colgar en la pared nuestros objetivos Zero tenemos mucho camino que recorrer.

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